Comparecencia del presidente del Gobierno para informar sobre el alcance de las medidas económicas y fiscales adoptadas por el Gobierno y el papel de las comunidades autónomas en su implementación y en el mantenimiento del estado de bienestar

18.10.2022

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Senado

COMPARECENCIA DEL PRESIDENTE DEL GOBIERNO

Muchísimas gracias, señor presidente, señorías. Es un placer estar de nuevo ante ustedes en esta Cámara territorial.

El pasado mes de septiembre, como saben, comparecí ante ustedes para explicar las acciones que, a nivel nacional y a nivel europeo, estábamos impulsando para hacer frente a las consecuencias económicas de los precios que la guerra de Putin ha provocado en Europa, y también en la economía global.

Explique entonces cuáles eran los distintos escenarios que estaba trabajando el Gobierno, las medidas que habíamos adoptado hasta entonces y aquellas que planeábamos adoptar para afrontar cada uno de esos escenarios.

Hoy, transcurrido poco más de un mes y medio desde esta última comparecencia ante ustedes, comparezco de nuevo para dar cuenta de la evolución de la guerra y también de la economía, las previsiones que se manejan para este invierno, así como las medidas que estamos poniendo en marcha dentro del Plan de Respuesta a las consecuencias económicas de la guerra que está impulsando, desde hace más de ocho meses, el Gobierno de España.

Mi objetivo, señorías, como manifesté en esa comparecencia del pasado mes de septiembre, es hacerlo de la misma manera a como lo he hecho siempre, sin edulcorar la situación, ni caer tampoco en el derrotismo. Con la honestidad y el rigor que creo que los españoles merecen y que mi responsabilidad como presidente del Gobierno exige.

Hablemos, en primer lugar, de la situación energética. ¿Qué ha pasado, señorías, durante estas últimas semanas? Como saben, Putin ha cerrado definitivamente los gasoductos del Nord Stream, el mayor gasoducto que existe entre Rusia y Europa, por lo que las importaciones europeas de gas ruso se han reducido aún más. Para que nos hagamos una idea, hoy esas importaciones europeas de gas ruso son un 82% inferiores a lo que eran hace un año.

Es evidente que Putin está utilizando la energía como cualquier otro instrumento, como un arma de guerra, con el evidente objetivo de doblegar a los europeos, de dañar nuestras industrias, de atemorizar a nuestros conciudadanos. Su propósito, en definitiva, es que levantemos las sanciones que están ahogando ya de manera muy profunda a la economía rusa y que Europa deje de apoyar a Ucrania en su lucha por la libertad.

Afortunadamente, señorías, desde Europa y desde España ya contemplábamos este escenario -como compartí con ustedes el pasado mes de septiembre- y nos hemos preparado para él. Y lo hemos hecho, señorías, en tres aspectos que me gustaría compartir con todos ustedes. En primer lugar, lo que hemos hecho ha sido acelerar aún más el despliegue de energías renovables en nuestro territorio. Tanto, que el mes pasado, por citar este último caso, la generación de electricidad mediante solar y eólica fue de un 30% superior al mes de septiembre del año 2021. Por tanto, en primer lugar, un despliegue de renovables para elevar nuestra autonomía energética.

En segundo lugar, qué es lo que hemos hecho. Hemos aumentado drásticamente las importaciones europeas de gas procedentes de otras latitudes: de Estados Unidos, de África y, gracias a ello, el gas ruso hoy ya supone solo el 8% del consumo total de Europa.

Y, en tercer lugar, hemos aprobado la semana pasada un plan complementario, un plan de contingencia que se inscribe dentro del Plan Nacional de Ahorro y de Eficiencia Energética, puesto en marcha el pasado mes de agosto, y que nos ha permitido ahorrar ya en 4,7% de nuestro consumo eléctrico hasta la fecha. Un plan que yo calificaría de responsable para con nuestros ciudadanos, también para con nuestras empresas, ambicioso y solidario con aquellos países que son más vulnerables, que están más expuestos al chantaje energético de Putin. Un plan que nos va a permitir reducir nuestro consumo energético entre un 5% y un 13%, fijado en ese acuerdo que logramos con la Comisión Europea y con el resto de Estados miembros.

El resto de países, señorías, han tomado medidas similares y esta colaboración está dando resultados con toda la complejidad que la guerra está provocando en los precios, en la economía europea.

Para que se hagan una idea, la Unión Europea se había fijado como objetivo tener sus reservas de gas al 80% en el mes de noviembre y, gracias a todos los esfuerzos conjuntos que estamos haciendo, hoy ya hemos superado el 90%.

¿Qué significa esto de cara a los ciudadanos? Bueno, significa que los próximos meses, evidentemente, no van a ser fáciles. Va a depender lógicamente de si Putin decide o no cerrar definitivamente todos los gasoductos, de cómo de eficaces serán las medidas de ahorro adoptadas y de cuán duro sea el invierno.

Pero lo que sí deben tener claros nuestros ciudadanos es que nos estamos preparando para todas las eventualidades y que ellos pueden estar tranquilos. Lo dije en septiembre, lo repito ante ustedes de nuevo, señorías, no se van a adoptar medidas drásticas. No va a haber apagones, ni racionamientos, ni ninguna de esas escenas apocalípticas que pronostican los creadores de bulos. A ningún hogar español le va a faltar energía para iluminarse, para calentarse y para cocinar este invierno.

La segunda preocupación, derivada evidentemente de esta crisis energética, es la de la inflación, la evolución del coste de la vida. Y aquí el futuro inmediato sigue cargado de enormes incertidumbres que ustedes pueden perfectamente comprender, como también la mayoría de españoles y españolas, porque nadie sabe con certeza cómo va a evolucionar el coste de la vida, los precios; porque eso va a depender, fundamentalmente, de cómo evolucione la guerra de Ucrania, de qué haga Putin nuevamente con el gas, de cómo se comporten los países productores del petróleo y de qué ocurra con las cadenas de suministro procedentes de Asia.

En todo caso, los datos de las últimas seis semanas creo, señorías, que arrojan algunos aspectos esperanzadores. La inflación española cayó en septiembre por segundo mes consecutivo. Hemos pasado un 10,5% al 8,9%. Cayó, por cierto, en aquellos sectores de la economía intervenidos por el Gobierno: la vivienda, la energía, el transporte. Y subió a aquellos en los que no se ha producido una intervención, lo que demuestra la eficacia de las medidas que está impulsando el Gobierno de España.

Señorías, siguen estando los precios muy altos. Pero España es el país de la Unión Europea en donde más se ha reducido la inflación en este último mes. Quisiera compartir con ustedes este gráfico, que es bastante elocuente de cuál es la evolución de la inflación durante este último mes. (Señalando una de las barras del gráfico) Este es España y se puede ver perfectamente cómo durante este último mes, gracias a las medidas que ha tomado el Ejecutivo, es España el país de la Unión Europea donde más ha bajado la inflación en este último mes.

Señorías, soy muy consciente de que esto no es suficiente, de que el problema continúa, que evidentemente la inflación está erosionando la calidad de vida, los ahorros de millones de españoles y españolas. Lo he dicho antes, al principio de mi intervención -cada vez que he tenido ocasión de referirme a ellos en esta Cámara y también en el Congreso de los Diputados-, no voy a edulcorar la situación y esconder la gravedad y la complejidad de la situación que estamos viviendo. Por desgracia, también sabemos que el alto coste de la vida no va a desaparecer de la noche a la mañana. Es más, puede que se produzcan ciertos retrocesos durante el invierno, pues, como he dicho antes, si Putin decide intensificar su pulso con Europa, pues evidentemente eso tendrá una traslación sobre el coste de la energía y, en consecuencia, sobre el coste de la vida del conjunto de ciudadanos europeos.

Pero también es cierto, señorías, diciendo las cosas en su globalidad. También es cierto que, cada día que pasa, tenemos los europeos un mayor control sobre la situación. Cada día que pasa Europa es más soberana energéticamente y depende menos de Rusia.

Es verdad. El problema continúa, pero creo que vamos -honestamente- en la dirección adecuada. Por eso existe un consenso entre los expertos en pronosticar que la inflación va a seguir cayendo en lo que queda de año y que se corregirá a lo largo del próximo año. Comprenderán que vivimos en un contexto en el que resulta muy difícil asegurar nada con total certeza; pero también es cierto que todo apunta en esa dirección.

La tercera incertidumbre que preocupa a los españoles, derivada también del coste de la energía y, lógicamente, también del coste de la vida, es la evolución de la economía y también la creación de empleo. En septiembre, en mi última comparecencia ante ustedes, señorías, ya les dije que el contexto internacional era complejo, que no pintaba bien, que era probable que grandes economías occidentales, Estados Unidos, Alemania, pudieran entrar en recesión y que eso, sin duda, tendría un efecto de ralentización de desaceleración de la economía en Europa. También les dije que España estaba bien posicionada para afrontar este riesgo. Les dije que España iba a sortear la recesión y que iba a seguir creciendo. Y eso es, precisamente, lo que está ocurriendo. A pesar de la elevada volatilidad internacional, las exportaciones españolas siguen aumentando, el Producto Interior Bruto ha seguido creciendo. Tanto es así que se está elevando la previsión inicial que había de crecimiento económico para el año 2022, y el mercado laboral ha seguido mejorando.

Simplemente, para darles un dato, en el mes de septiembre se crearon en España 29.000 nuevos empleos, 900.000 más que antes de que nos golpease la pandemia de la COVID 19 y, además, es un empleo que es de mayor calidad, gracias a una reforma laboral que está consiguiendo que cuatro de cada diez contratos sean indefinidos; elevando por encima del 80% el porcentaje de contratos indefinidos en nuestro país.

Y sé, señorías, nuevamente, que eso no es suficiente. Sé que todavía hay muchos españoles y españolas que sufren el desempleo o que sufren también la precariedad laboral. Y también sé que va a haber baches en el camino, que no todos los trimestres van a ser igual de buenos.

Pero les recuerdo que a día de hoy todos los organismos internacionales proyectan lo mismo y lo que proyectan es que España va a seguir creciendo y creando empleo en los próximos meses y que lo va a hacer a un ritmo superior al de la mayoría de las economías de la zona euro.

Señorías, como ven, las incertidumbres, los desafíos que nos acompañaban en septiembre están aún lejos de disiparse, por desgracia. Pero nuestro rumbo creo que es el adecuado: estamos respondiendo, dentro de una enorme complejidad de la situación, en la dirección adecuada. Las medidas que estamos adoptando están funcionando. Lo dicen los datos. Lo reconocen también los organismos internacionales.

Evidentemente no vamos a caer en la autocomplacencia, ni tampoco en el triunfalismo, pero creo que es importante en estos momentos de extrema incertidumbre no abonar el derrotismo y el miedo. Porque vamos a superar esta crisis y vamos a hacerlo porque nuestros ciudadanos tienen una fortaleza inmensa, tal y como demostraron durante la pandemia.

Porque nuestras instituciones y nuestras empresas están mejor preparadas que en anteriores crisis. Y también porque el Gobierno de España tiene una estrategia clara, un plan de respuesta claro, exactamente igual que lo tuvo durante la pandemia.

Señorías, entonces fuimos capaces de superar una situación tan dura como inédita. Lo hicimos con un plan que contenía fases, medidas y un gran esfuerzo presupuestario. Hablábamos entonces de la escalada paulatina conforme íbamos doblegando la curva de las incidencias acumuladas en los distintos territorios para reconquistar la normalidad. Trazamos entonces un plan nacional de vacunación escalonado que salvó vidas, que nos permitió recuperar mucho más pronto la senda de crecimiento y se convirtió también en una referencia internacional.

Permítanme aquí recordar, en el Senado, que la gestión de la pandemia fue el mayor ejercicio de gobernanza de la historia autonómica de estos últimos 40 años de democracia. Celebramos 20 conferencias de presidentes y presidentas autonómicos, cientos de conferencias sectoriales donde compartimos no solamente angustias, sino también medidas y con una cantidad de recursos financieros sin precedentes, con los Fondos Covid probablemente como el paradigma de todo ese esfuerzo presupuestario que hicimos desde la Administración General del Estado en favor de las Comunidades Autónomas y de los Ayuntamientos.

Por eso ahora no es razonable que se establezca, señorías, y lo digo aquí en la Cámara Territorial, pues una suerte de disputa fiscal indiscriminada a la baja, que a la postre lo que va a hacer es debilitar lo que con tanto esfuerzo hemos fortalecido, y es nuestro Estado del Bienestar.

Señorías, lo dije el otro día en la comparecencia de las Cortes Generales en el Congreso de los Diputados, yo no me olvido, señorías, de que entramos en la pandemia con 4.600 camas UCI, mientras Alemania tenía 28.000 camas UCI. Y no me olvido tampoco, señorías, de que entramos en la pandemia con 30.000 profesionales sanitarios menos, como consecuencia de una década perdida de debilitamiento y recortes del Estado del Bienestar.

No podemos olvidar esas lecciones, señorías, porque en los momentos duros todos queríamos más Estado del Bienestar, queríamos más profesionales sanitarios, mejor equipados. Queríamos más maestros y maestras en la educación pública.

Contamos con cerca de 42 mil millones de euros en los Fondos Covid para las comunidades autónomas, cerca de 30 mil millones de euros en ayudas para el sector privado, que salvaron cientos de miles de empresas en nuestro país, además de 140 mil millones de euros movilizados por los ICO, por el Instituto de Crédito Oficial, y un inmenso esfuerzo colectivo que nos permitió salvar muchas vidas, señorías, empleos y empresas. Y yo, mientras tenga el honor de ser presidente del Gobierno de España, nunca me olvidaré de las lecciones de la pandemia.

Hoy, señorías, la lección tiene que ser la misma. La respuesta debe ser la misma. La línea adecuada es la corresponsabilidad fiscal. Y una parte del sector privado, la que se está beneficiando de manera extraordinaria de los efectos de la guerra -y para eso simplemente tenemos que ver la evolución de las cotizaciones y de los márgenes empresariales de las grandes empresas energéticas o de las grandes entidades financieras- tienen ahora el deber moral de devolver a la sociedad en momentos de dificultad una parte de lo que recibieron durante la pandemia.

Antes, señorías, les he comentado que el Gobierno de España tiene un plan que viene desplegando durante estos últimos meses para dar respuesta a las consecuencias económicas y sociales de la guerra. El Plan de Respuesta a las consecuencias de la guerra creo que está funcionando de la misma manera que funcionó el plan frente a la pandemia. Si entonces movilizamos una cifra extraordinariamente elevada, sin duda acorde y proporcional al desafío que teníamos en frente, como era abordar la gestión de un virus desconocido para la ciencia y por lo tanto para la política. Entonces movilizamos 240 mil millones de euros, señorías. Ahora estamos movilizando, hasta el momento, de aquí al 31 de diciembre, 35 mil millones de euros para proteger a los mismos actores que hicimos durante la pandemia: a las familias, a los ciudadanos, a las empresas y a nuestra industria.

Entonces se trató de doblegar la curva de contagio y hoy se trata de doblegar la curva de los precios y, por tanto, no vamos a anunciar todas las medidas de sopetón, si me permiten esta expresión coloquial, sino que lo vamos a hacer de forma escalonada. Lo vamos a hacer de acuerdo con la evolución de la situación y en proporción a esa evolución.

Y ahora, como entonces, nuestro norte va a ser el mismo: proteger a las empresas, a las familias, a los trabajadores, a la industria, a las pequeñas y medianas empresas y también a los trabajadores y trabajadoras autónomos. Mientras conseguimos doblegar la curva, movilizando los recursos públicos que sean necesarios bajo un potente escudo social que es el que venimos construyendo de ocho meses a esta parte.

Señorías, la respuesta planificada que estamos desplegando se articula en torno a tres ejes de actuación. Algunos de ellos los conocen porque llevamos cuatro años debatiéndolos y también desplegándolos.

El primero de ellos tiene que ver con reformar nuestro sistema energético, acelerar la transición ecológica, hacerlo además de manera coherente para poder responder a una doble emergencia, que es la emergencia de los precios ocasionada por la guerra de Putin en Ucrania, pero también la emergencia climática. En muchas ocasiones se nos olvida, señorías, que cuando hablamos de solidaridad intergeneracional tenemos que cuidar el planeta hoy, para las generaciones del mañana, que tienen todo el derecho a vivir en un planeta habitable.

Por tanto, reformar nuestro sistema energético, acelerar la transición ecológica y hacer una reforma en profundidad, que me han escuchado en muchas ocasiones defender, del propio mercado eléctrico europeo. ¿Para qué? Bueno, pues para garantizar el acceso de la gente a la energía a precios razonables, para reducir nuestra dependencia energética del exterior, sobre todo de autocracias como la rusa que por desgracia está chantajeando con la energía a toda Europa para tratar de doblegarnos y abandonar a Ucrania, insisto, en su lucha por la libertad. Y para responder, como he dicho antes, a la emergencia climática y reindustrializar nuestro país.

Junto con esta reforma de nuestro sistema energético y del propio mercado eléctrico europeo, que posteriormente entraré más en él, en segundo lugar, lo que queremos es proteger las rentas de la mayoría social de nuestro país, de la clase media, de los trabajadores y trabajadoras para para paliar los efectos de la inflación, sin olvidar, lógicamente, a los colectivos que han devenido más vulnerables que, por desgracia, en un país como el nuestro, tan desigual después de una crisis financiera y de la respuesta que se dio donde se agrandaron, se ensancharon las desigualdades territoriales, sociales, intergeneracionales y de género, la desigualdad continúa siendo uno de los aspectos más visibles de la política económica, de la política, de la economía y del debate social.

Y por eso creo que se equivocan aquellos, señorías, que dicen que hablar de desigualdad, que hablar de pobreza es un debate pobre, o mejor dicho, un debate antiguo, porque es un debate de rabiosa actualidad.

En todo caso, volviendo a este segundo eje, que es el de proteger a las rentas de los trabajadores y de la clase media, es aquí donde el Gobierno está escalando medidas de respuesta en función de los diversos escenarios, en función también de los tiempos, reservando un amplio margen de actuación para actuar con toda la determinación ante cualquier escenario sobrevenido.

Eso es lo que hemos hecho también, señorías, enviando dos escenarios alternativos a Bruselas, guardando un margen fiscal suficiente para que en el año 2023 podamos responder ante las eventualidades que puedan suceder, por desgracia, de esta guerra y sus implicaciones económicas y sociales.

Mi compromiso, señorías, es firme. Esto lo dije desde que se inició la guerra de Putin en Ucrania. Todos los recursos del Estado, señorías, van a estar al servicio de proteger a la mayoría social y no a los intereses de una minoría privilegiada, como sí ocurrió durante la crisis financiera.

Y, en tercer lugar, lo que debemos hacer es repartir de forma justa los costes de esta crisis para que, a diferencia de la crisis financiera, no recaigan sobre los hombros de los de siempre, que es la gente de a pie, por justicia social.

Pero también tenemos que hacerlo por justicia histórica porque, si en la crisis financiera fue la gente de a pie la que soportó en mayor medida el peso de los recortes, de los ajustes del Estado de bienestar, esta vez el ajuste debe producirse más por la vía de los ingresos y no de los gastos. Y singularmente con el compromiso de las grandes fortunas y de las grandes corporaciones, que están ahora mismo beneficiándose de manera extraordinaria de los efectos de esta crisis.

En resumen, si hay tres verbos que, en fin, sintetizan el plan de respuesta económico y social a la guerra de Putin en Ucrania que está desplegando el Gobierno de España: son reformar, proteger y repartir las cargas de manera justa.

Permítanme que desarrolle cada uno de estos tres ejes. En lo referente a la reforma del sistema energético y del mercado eléctrico a nivel europeo, recordemos que es un mercado regulado a nivel europeo y, por tanto, las normas se dictan y se aprueban en Bruselas.

Conviene recordar de dónde venimos en el año 2018, cuando tuve el honor, después de una moción de censura, de ser elegido presidente del Gobierno para saber exactamente dónde nos encontramos hoy, en el presente. El Gobierno de España lleva mucho tiempo advirtiendo acerca de los problemas de diseño de un sistema disfuncional, que soporta una distorsión agravada por la dependencia europea del gas y del petróleo ruso.

Lo hacemos en coherencia con nuestra prioridad por la transición ecológica, que es la que marca nuestra política energética, basada en el despliegue masivo de las energías renovables, incluido el hidrógeno verde, los biocombustibles, la electrificación del transporte, la eficiencia energética también de los edificios.

Esta transición ecológica no solo nos va a permitir cumplir con nuestros objetivos nacionales de reducción de emisiones de CO2. No olvidemos que tenemos unos compromisos. La humanidad tiene un compromiso de no elevar la temperatura más allá de 1.5 grados centígrados a final del siglo.

En fin, nos va a permitir, como he dicho antes, cumplir con nuestros objetivos de reducción de emisiones de CO2 en el mar. Como he dicho antes, de los acuerdos de París para adaptar y mitigar los efectos del cambio climático, sino que además, señorías, nos va a permitir, como tuvo ocasión de decir en la comparecencia del pasado mes de septiembre, producir energía más barata. Porque la energía limpia hoy es más barata que cualquier otro tipo de energía y ser, en consecuencia, menos dependientes de terceros países y, en consecuencia, basar nuestro modelo energético en el sol, en el viento que tanto abundan en España.

Pero no solo es la política energética del gobierno, también es una oportunidad para industrializar España, para crear empleo, para aumentar la cohesión territorial. Porque va a haber territorios donde antes no existían minas de carbón, pero sí que tienen. Por ejemplo, pienso en Andalucía o en Extremadura, por citar dos comunidades autónomas, un enorme caudal y potencial de desarrollo de la energía fotovoltaica.

Por tanto, vamos a crear empleo, vamos a aumentar la cohesión territorial, vamos a poder apostar por toda la cadena de valor de sectores como el hidrógeno, como el coche eléctrico o mediante los convenios de transición justa para proveer de alternativas a las zonas en las que se están cerrando minas y también centrales térmicas.

Y los resultados, señorías, están ahí y hablan por sí solos. No estamos hablando de abstracciones, no estamos hablando de entelequias, estamos hablando de realidades que suponen oportunidades y desarrollo económico sobre el territorio. Miren, entre el año 2018 y 2022 hemos multiplicado por 12 la potencia instalada de energía eólica respecto al periodo de 2015-2018, y; y por 142 el volumen de energía fotovoltaica. Para que se hagan una idea del enorme alcance de esta transformación, de la revolución que se está produciendo en nuestro modelo energético durante estos últimos cuatro años, solo el pasado año, en 2021, se ha instalado en España el equivalente a toda la potencia fotovoltaica que había en nuestro país en el año 2018. En un año, todo lo alcanzado hasta el año 2018.

En el ámbito del hidrógeno verde, que va a ser, sin duda alguna, la energía del futuro, España ya ha aprobado una estrategia de desarrollo del hidrógeno. Hemos puesto en marcha un proyecto estratégico, con cargo a los fondos europeos de hidrógeno de almacenamiento de energías renovables, dotado con una importante cantidad de recursos públicos, 1.500 millones de euros, que está dando ya sus resultados. Y recientemente la Comisión Europea ha aprobado ya 12 proyectos de hidrógeno verde en España, como parte del Programa de Proyectos Estratégicos de Interés Europeo.

Casi semanalmente, señorías, si me permiten la expresión, vemos cómo se anuncian grandes proyectos de inversión nacionales y también internacionales, de hidrógeno, de almacenamiento en baterías o en descarbonización industrial, por citar algunos ejemplos. En nuestro país, esto en lo que corresponde a nuestras competencias, que son las de comprometernos con los objetivos climáticos y también con una mayor autonomía energética en nuestro país, que es más competitividad y como he dicho antes, la capacidad de poder industrializar en verde nuestro país.

En el ámbito europeo, ¿qué es lo que hemos hecho? Bueno, yo creo que el camino que venimos señalando y que ustedes en distintas sesiones de control habrán escuchado a distintos miembros del Gobierno, también a mí. Yo creo que el camino por el que está transitando Europa y que también está señalando la Comisión Europea, es muy parecido al que nosotros hemos venido defendiendo de un año a esta parte.

Creo que la reciente carta de la presidenta de la Comisión Europea, en relación con las medidas necesarias para hacer frente a la crisis energética así, así lo apunta. Medidas, como he dicho antes, que coinciden punto por punto con las propuestas por las que hemos venido peleando insistentemente en este último año. Las quiero recordar. Primero la compra conjunta de gas. En segundo lugar, la reforma en profundidad del mercado eléctrico para desacoplar los precios de la electricidad a los precios del gas, hasta el establecimiento de un tope al precio del gas que importamos.

Y, gracias a esa insistencia, también España consiguió, junto con nuestros hermanos y vecinos portugueses, lo que se ha venido en definir como la solución ibérica, es decir, desvincular el precio del gas, de la conformación del precio de la electricidad.

Señorías, lo que fue una negociación muy dura de la mano de Portugal, pues encontró además un obstáculo añadido en la incomprensión de algunos de los aquí presentes en nuestro país, hoy esa alternativa ha marcado el camino a seguir para Europa, tal y como ha asumido la propia presidenta de la Comisión Europea en su carta, cuando lleva camino de escalar a una auténtica solución europea la solución ibérica.

Gracias a la intervención de emergencia anunciada por la Comisión Europea, sería deseable que los que hablaron de timo ibérico, rectificaran. Creo que sería bueno rectificar, reconocer un error, señorías, porque si ustedes no lo hacen, mañana tendrán que hablar del timo europeo y, por lo tanto, habrá que deducir que de quién se mofan es de toda Europa y de la Comisión Europea, y no solo del Gobierno de España.

Más allá del debate parlamentario y de la necesidad también de reconocer, señorías, que se han equivocado y que la solución ibérica es una buena solución para defender la economía y los hogares en Europa.

En fin, más allá de eso, gracias a esta propuesta, que es una realidad en la Península Ibérica, pues hoy los consumidores españoles ya han ahorrado en torno a 2.900.000.000 de euros desde su puesta en marcha a 7 de octubre, señorías, el precio del megavatio hora que pagamos en España es un 35% inferior a Alemania, es un 55% inferior a Francia y casi un 70% inferior a Italia.

Sí, señorías, en todo caso, que los españoles y españolas que nos estén escuchando, este es un debate técnico de enorme complejidad, que es difícil ver el vaso medio lleno cuando pagamos tanto por algo tan elemental como es la luz de nuestro hogar o la electricidad que hace funcionar un pequeño negocio.

Pero haríamos bien, señorías, en desarrollar dos argumentos contrafactuales que me gustaría compartir con los españoles y españolas. El primero, pensar dónde estaríamos sin esta medida. Recuerdo que el megavatio/hora en Alemania se está pagando un 35% superior a España; en Francia, un 55% y en Italia, un 70% más. Por tanto, ¿dónde estaríamos sin esta medida?

Y segundo, dónde podríamos estar si en 2012 y 2018 España no hubiera contado, en fin, con un gobierno que se disparó al pie limitando su potencial de generación de renovables, porque perdimos un tiempo precioso, señorías. Hay que recordar que en el país del sol se gravó al sol, señorías, se penalizó el autoconsumo, se gravó al sol.

Se recortaron las retribuciones de las renovables hasta provocar 50 demandas en cortes de arbitraje con reclamaciones por valor de 10 mil millones de euros, cuatro veces más del gasto que España invierte en becas.

Una vez más, permítanme hacer una analogía con la pandemia con otro contrafactual.¿Cómo habría sido nuestra respuesta frente a la pandemia con los 30.000 profesionales sanitarios que se recortaron y desaparecieron durante los años de la respuesta neoliberal a la crisis financiera?

El segundo eje del Plan de Respuesta del Gobierno está basado en lo que he dicho antes: el despliegue de un escudo social, yo creo que sin precedentes. Evidentemente, el desafío que tenemos por delante también es sin precedentes- una guerra en Europa- para proteger a la clase media, los trabajadores y trabajadoras, de los estragos de la inflación y del coste de la energía, exactamente igual que como hicimos durante la pandemia.

A fecha de hoy somos el cuarto país, señorías, de Europa que más recursos económicos estamos movilizando para proteger a los hogares, a las industrias y a las empresas españolas. Y quiero dejar muy claro mi compromiso, señorías, porque vamos a hacer cuanto haga falta, cuanto sea preciso para proteger a la mayoría social. Y para ello vamos a seguir tomando todas las medidas adicionales que se requieran en cada momento.

Miren, hacía mención a la analogía con la pandemia, contraponiendo los conceptos de escalada y de desescalada. La propia cadencia temporal de la respuesta ofrece, creo, una dimensión clara de cómo hemos ido escalando medidas para proteger más sectores de forma paulatina, siguiendo una lógica coherente y centrada en la necesidad de cada grupo, de cada colectivo y también de cada sector económico afectado por la evolución de los costes de la energía y de los precios.

Señorías, en lo que llevamos de año y, por tanto, trascendiendo los meses que llevamos desde la invasión de Putin en Ucrania, el Gobierno de España ha puesto en marcha, con este que hemos aprobado en el Consejo de Ministros celebrado en el día de hoy, nueve paquetes en respuesta a las consecuencias económicas y sociales del alza de los precios, y ahora de la guerra.

Fíjense, si nos retrotraemos al 24 de febrero de este año, cuando se inició la invasión de Putin en Ucrania, a las cuatro semanas de iniciado el conflicto, aprobamos el primer paquete de medidas con ayudas directas a los sectores afectados. Pienso, por ejemplo, en el sector pesquero, en el sector del transporte, en el sector primario. Ayudas directas, como decía, rebajas fiscales, aplazamientos de cuotas al pago de la Seguridad Social, créditos ICO a pequeñas y medianas empresas y también a los trabajadores autónomos.

¿En qué se traduce en términos económicos? 16 mil millones de euros en aquel primer plan de choque que se anticipaba al de la mayor parte de nuestros socios en intensidad y en ambición. Y, complementariamente, se acordarán ustedes que negociamos en Bruselas el acuerdo de la solución ibérica que nos ha permitido ahorrar 2.900 millones de euros a los consumidores españoles.

Doce semanas después de ese primer bloque, profundizamos en la respuesta con medidas como la rebaja del IVA de la luz del 21% al 5%, la bonificación de 20 céntimos de euro por litro de carburante, la limitación del precio de los alquileres, los descuentos en el transporte público, los complementos a las rentas más bajas y también elevando un 15% las pensiones no contributivas y también el ingreso mínimo vital. Más de 500.000 hogares se benefician ya de estas medidas que les explicitado.

El 1 de agosto extendimos la gratuidad del transporte público a cercanías, rodalíes y también media distancia, pusimos en marcha nuevas ayudas directas al sector de transporte terrestre de mercancías con 450 millones de euros. Hoy más de 1 millón y medio de personas cuentan ya con un abono de transporte gratuito, y el éxito de las medidas es, en términos medioambientales y también de sostenibilidad, tan extraordinario que creo que puede anticipar una reflexión profunda que tienen que hacer el Poder Legislativo y, desde luego, también el Poder Ejecutivo sobre cómo podemos cambiar hábitos e incorporar el transporte público en nuestra movilidad.

En septiembre, el Consejo de Ministros aprobó medidas adicionales para los consumidores y también para las industrias en el ámbito energético, para afrontar el escenario que ya habíamos anticipado de la reducción del suministro de gas natural procedente de Rusia a Europa. Volcamos más recursos y los volcamos, por ejemplo, para proteger al sector agrícola, ganadero, pesquero, también muy afectado, lógicamente, por la sequía.

Extendimos las ayudas directas a las empresas de consumo gasintensivo con 2.600 € por trabajador y hasta 400.000 € por empresa. Más de 4.000 empresas, señorías, pueden beneficiarse de nuevas líneas de ayudas para la industria intensiva del gas, de las que el 97%, recordemos, son pequeñas y medianas empresas. Hablamos, en consecuencia, de proteger casi 115.000 empleos en este sector.

Y esta misma mañana, como antes adelantaba, el Consejo de Ministros y Ministras ha aprobado un nuevo paquete de medidas dentro del Plan de Respuesta, con el refuerzo, como conocen ustedes, del Bono Social Eléctrico, estableciendo nuevas categorías de consumidores eléctricos con derecho al descuento del 40%, más ayudas al Bono Social Térmico, un sistema para controlar los gastos de calefacción y calderas de agua caliente en los casi 1.800.000 hogares que cuentan con calderas comunitarias. Esta medida, simplemente para que nos hagamos una idea de la magnitud de la protección que tiene lo que hemos aprobado, implica una reducción de más de la mitad de los recibos respecto al que pagarían en el mercado con las ofertas actuales.

Y, por último, en otro orden de cosas, tampoco me quiero olvidar de nuestra atención a otro de los efectos más dramáticos de la guerra, y es, lógicamente, la atención a los más de 145.000 refugiados y refugiadas ucranianos llegados a nuestro país. Por solidaridad con el pueblo ucraniano y por la humanidad que demanda y que exige también la sociedad española hemos protegido a estas personas desde el primer día de su llegada a España, con un esfuerzo inédito en la respuesta al mayor éxodo que Europa ha sufrido desde la Segunda Guerra Mundial.

En fin, señorías, son más de 35 mil millones de euros. Para que nos hagamos una idea, 2,9% de nuestro Producto Interior Bruto, comprometidos hasta ahora por el momento, para proteger las rentas y controlar la inflación.

Y en este último punto, los datos invitan, como decía al principio de mi intervención, a una cierta esperanza. Y sin caer en la autocomplacencia. Señorías, hoy tenemos una inflación por debajo de la media de la Unión Europea. Los datos de crecimiento de los organismos más prestigiosos, tanto a nivel nacional como internacional, coinciden en que España, lógicamente, va a sufrir una desaceleración de su crecimiento económico el próximo año, como el resto de las economías europeas y la economía global, pero vamos a sortear la recesión y liderar el crecimiento europeo en el año 2023. Pero que todo el mundo lo tenga claro: mientras se mantengan las cifras actuales, no hay nada que celebrar.

Señorías, en resumen, continúa la incertidumbre fruto de incógnitas que ningún gobierno puede despejar: cuánto durará esta -si me permiten- esta maldita guerra, si Putin va a continuar usando la energía como arma de confrontación en esta guerra. Nuestra apuesta, en todo caso, señorías, por la paz, sigue estando firme. Tampoco sabemos cuándo va a llegar. Es evidente que los referéndums de anexión ilegal de un 15% del territorio ucraniano dificultan y mucho el que podamos llegar a una pronta paz. Y, sin embargo, pese a todas estas incertezas que en buena medida no dependen de nadie más que de una persona, quiero trasladar a los españoles una certeza importante, y es que el Gobierno pondrá todos los recursos a favor de proteger a la mayoría social de nuestro país, tal y como hicimos durante la pandemia.

Todas estas medidas que acabo de relatarles han sido adoptadas y puestas en práctica en menos de 30 semanas, señorías. En menos de 30 semanas. Para que nos hagamos una idea del esfuerzo también que estamos haciendo los servidores públicos, la Administración General del Estado. Y todas van a continuar el tiempo que sea necesario, pero no nos vamos a detener aquí. Seguiremos actuando con la máxima determinación y, sin duda alguna, con el mayor compromiso social.

Miren, aprendimos a escalar por edades y por grado de vulnerabilidad frente al covid 19 en la Estrategia Nacional de Vacunación y ahora con el Plan de Respuesta frente a la subida de los precios, vamos a escalar todas las medidas necesarias para proteger a nuestros hogares, a nuestras familias y a nuestras empresas.

Junto con esas reformas que he dicho, que es el primer eje de este plan, el segundo, la protección a la clase media y a los trabajadores y trabajadoras de nuestro país. El tercer eje de actuación del Gobierno responde a una premisa clara y es el de que esta vez haya un reparto equitativo de las cargas de la crisis y que, en esta ocasión, y a diferencia de lo que ocurrió hace una década, las clases medias y trabajadoras no paguen exclusivamente la factura de esta crisis. Y ese es nuestro principal objetivo.

Y he de decir además con orgullo, señorías, que esta vez no estamos solos en este empeño, porque la ortodoxia europea, afortunadamente, ha cambiado. Hace una década se impusieron en recetas en Europa las recetas neoliberales que apostaron por recortes y, en consecuencia, el sálvese quien pueda. Hoy, afortunadamente, la cordura se ha impuesto y Europa ha vuelto a priorizar un objetivo que jamás debió perder de vista, porque es su fuente de legitimidad, y es proteger a su gente.

Quiero abrir comillas en relación con una reflexión, una declaración que hizo una persona muy importante en Europa. Dijo lo siguiente: "No puede ser que algunos obtengan beneficios extraordinarios gracias a la guerra y a costa de los consumidores. Los beneficios deben compartirse y deben canalizarse hacia quienes más lo necesitan". Cierro comillas. Son palabras de la presidenta de la Comisión Europea el pasado 14 de septiembre en su debate del Estado de la Unión. Son palabras, señorías, que comparto, y no pertenezco a su familia política, en su letra y en su espíritu.

Y el Gobierno de España ha abierto camino en la reclamación de este tributo y del gravamen de los beneficios de la banca derivado de la subida de tipos como consecuencia de la lucha contra la inflación por parte de los bancos centrales.

Y lo ha hecho en el marco de un plan mucho más amplio que llevamos defendiendo desde que tengo el honor de ser presidente del Gobierno. Necesitamos tener más justicia fiscal para tener más justicia social. Esa es la filosofía que inspira todas las reformas fiscales implementadas por el Gobierno de España desde el año 2019. Y esa es la filosofía que inspira, pues el impuesto de solidaridad de las grandes fortunas que presentamos hace unos días y que no es un anacronismo, no es una excentricidad en Europa. Porque hay también países gobernados por conservadores y por liberales que tienen una fiscalidad semejante.

Un impuesto pensado pues para que aporten más quienes más pueden; para que las rentas más bajas -las pymes, los autónomos- puedan beneficiarse de las bajadas fiscales sustanciales que está planteando el Gobierno de España y aprobando para proteger a sus familias y a sus negocios. Un impuesto criticado, lógicamente, como no podía ser menos, por los que siempre tienen en mente a ese 0,2% más pudiente a costa de olvidar al 99,8% restante.

La recaudación prevista de este impuesto de solidaridad es superior a los 1.500 millones de euros. Es una recaudación importante, es un esfuerzo de solidaridad de las grandes fortunas relevante. Para que se hagan una idea, esos 1.500 millones de euros representan el 60% de lo que toda la Administración General del Estado transfiere en forma de becas para garantizar la igualdad de oportunidades de nuestros estudiantes.

Esos 1.500 millones de euros, señorías, es exactamente la misma cantidad, o un poquito superior, mejor dicho, a los fondos para la formación profesional para el empleo que destina la Administración General del Estado. Y yo creo, señorías, que estas analogías no es solamente un truco retórico, sino que esconden una gran verdad, porque no hay mejor metáfora para describir ese deber de solidaridad en los momentos más difíciles.

Miren, un deber que siempre voy a agradecer como presidente del Gobierno, cuando escucho a quienes, desde el éxito profesional y vital, asumen con serenidad que es su deber arrimar el hombro. Gracias, en consecuencia, a quienes así lo expresan, porque son un ejemplo del mejor patriotismo.

Hay, señorías, los halcones de la austeridad pliegan velas y solo algún irreductible permanece anclado al mástil del neoliberalismo. Otros se mueven en una indefinición calculada, siempre atentos a no desairar a las élites. Siempre la ambigüedad calculada, pero siempre, siempre, siempre, partidarios de podar en lo único que nos salva, que es nuestro Estado del Bienestar.

En fin, vuelvo a decirlo. Y lo diré durante todas las intervenciones que tenga en esta tarde en el Senado. No olvidemos las lecciones de la pandemia, señorías. No olvidemos las lecciones de la pandemia. Hasta los conservadores británicos dan marcha atrás en su programa de bajadas indiscriminadas de impuestos que solamente benefician a los de arriba, a los de las rentas más altas.

Señorías, vivimos un tiempo de grandes transformaciones que no podemos postergar, que no podemos apartar como consecuencia de esta guerra. Sin duda alguna, la transformación digital que impacta de lleno en el trabajo, en los derechos laborales y también la transformación ecológica. Pero la buena noticia, señorías, respecto a otros momentos, es que contamos con los recursos económicos, contamos con los fondos europeos para que España aproveche, esta vez sí, la oportunidad de modernizar su economía y de reindustrializar todo su territorio.

Contamos, además, con la oportunidad de salir más fuertes de este embate, como hicimos también durante la pandemia, con un Estado del Bienestar que sea vigoroso. Y con una agenda de avances y de transformaciones que resuelvan muchos de los déficits que secularmente hemos tenido en nuestro país y que han minado nuestra competitividad y nuestra capacidad de crecimiento económico.

Pienso, sobre todo, en la educación, en la formación, en la empleabilidad de nuestros jóvenes y también, lógicamente, en la precariedad del mercado laboral, que afortunadamente, gracias a un esfuerzo colectivo que hicimos los agentes sociales y el Gobierno de España, estamos empezando a remediar.

Señorías, no elegimos las crisis. De hecho, si me permiten, llevamos ya unas cuantas crisis de mucha envergadura en esta legislatura, pero sí podemos elegir cómo afrontamos estas crisis. Y como hicimos durante la pandemia, en esta crisis derivada de la guerra de Putin en Ucrania, elegimos responder con solidaridad, defendiendo la mayoría social de nuestro país. Por todo ello, quiero decirles a mis conciudadanos que el Gobierno podrá cometer errores. No tenemos, señorías, no tuvimos durante la pandemia, no lo tenemos ahora en una guerra en Europa, un manual de instrucciones.

Podremos cometer errores, pero que nunca olvidaremos a quien servimos en nuestro país, que es la mayoría social de españoles y de españolas.

Y que nunca nos vamos a dar por vencidos. Nos comprometimos a que Europa ayudase a los Estados a salir de la pandemia. Algunos se reían, señorías, cuando desde el Gobierno de España hablábamos del Plan Marshall para responder a la pandemia, los efectos económicos y sociales de la guerra. Y hoy tenemos unos fondos europeos también trabajados por el Gobierno de España.

Nos comprometidos a que Europa nos permitiera lo que llamamos la solución ibérica para controlar el precio del gas que genera electricidad. Y lo logramos.

Y me comprometo, señorías, a dedicar todos los recursos, todos los esfuerzos que sean necesarios para continuar defendiendo a la gente de a pie, porque este Gobierno gobierna para la mayoría social del país.

Señorías, una tarea como esta no se puede lograr sin un gran equipo que me acompaña. Y por eso hoy quiero, si me permiten, señorías. Las veces que piden ustedes que comparezca en el Senado y en el Congreso y no paran de hablar, no escuchan.

A lo que iba, señorías, hoy quiero personalizar la tarea de este Gobierno en tres mujeres, las tres vicepresidentas. Como representación de todo el Gobierno. Yo llevo con orgullo que España sea uno de los gobiernos del mundo con más mujeres ministras.

Tres mujeres valiosas, de prestigio y de reconocimiento internacional. La vicepresidenta Calviño, que, entre otras responsabilidades, pues preside el principal órgano consultivo del Fondo Monetario Internacional y que lideró un papel clave en Europa para hacer posible la financiación de los ERTES y los propios fondos europeos. La vicepresidenta segunda, Yolanda Díaz, y su esfuerzo constante por lograr más y mejores empleos con la reforma laboral y con la subida del salario mínimo interprofesional. Y Teresa Ribera, la vicepresidenta tercera, una verdadera pionera en la transición ecológica y de la reforma energética, como reconoce en toda Europa. Es decir, señorías, un equipazo. Muchas gracias.

Señorías, tenemos un único empeño, que es sacar adelante España en estas circunstancias tan difíciles, como hicimos también durante la pandemia en hacer a España avanzar pese a las adversidades de esta nueva crisis global de alcance imprevisible. Y les aseguro que no vamos a parar hasta lograrlo.

Yo estoy convencido de que seremos capaces de hacerlo. Lo hicimos durante la pandemia. Lo haremos frente a la guerra de Putin en Ucrania y sus consecuencias sobre el coste de la vida. Y, lo haremos señorías, porque contamos con un gran país, porque tenemos un plan de respuesta para hacerlo posible. Y porque tenemos al mejor equipo para llevarlo a cabo.

Muchas gracias.